La historia del comercio internacional 2019

El comercio es una de las actividades socioeconómicas más importantes en la actualidad, y es por definición, una actividad de intercambio de bienes en todo mercado. Aunque actualmente se utiliza el papel moneda y hasta el dinero plástico, no siempre fue así; el comercio ha ido evolucionando desde los primeros trueques, pasando por la invención de la moneda, hasta llegar al comercio internacional y traspasando las fronteras de lo, antes, imaginado, hasta llegar al comercio electrónico actual; pero ¿Cómo ha sido el largo trance que nos trajo desde los intercambios, hasta el complejo sistema de comercio internacional que vivimos actualmente?

Mapa ilustrado que representa el viaje del mercader veneciano Marco Polo (1254 – 1324) por la ruta de seda a China. (Foto por MPI / Getty Images)

Llamamos prehistoria a aquella época en que no existió la escritura y; por consiguiente, no tuvimos la forma de comunicar a largo plazo la historia del día a día, sin embargo los investigadores han estudiado la prehistoria, a través de los vestigios que, a manera de pistas, ha dejado el ser humano, gracias a estos vestigios hemos conseguido conocer muchos sobre esta época del hombre. En épocas primitivas existió siempre la tendencia a intercambiar objetos. Fue sobre todo a partir del neolítico, cuando al especializarse cada individuo, familia o grupo social, en una actividad determinada se hicieron necesarias las relaciones comerciales. Todo esto fue posible solo a través de la revolución agrícola; la primera de las grandes revoluciones que marcarían el desarrollo de la humanidad.

Durante los tres estadios de la época que, Engels llamó “el salvajismo”, (gracias a las investigaciones de Lewis H. Morgan), fue cuando el género humano abandonó los arboles poco a poco, alimentándose de frutos y vayas, entre los arboles y el suelo; hasta que, durante el estadio intermedio, finalmente empezó el empleo del pescado, crustáceos, moluscos y otros animales acuáticos, como alimento, gracias al empleo del fuego, pues sin este no se hubiese podido emplear el pescado plenamente como alimento. Con este nuevo alimento los hombres se hicieron independientes del clima, y de los frutos de los árboles, e hizo posible el poder migrar a través de los cursos de los ríos y de las costas de los mares, aún en estado salvaje, y poder diseminarse por la tierra. Los toscos instrumentos de piedra sin pulir de la edad de piedra, que conocemos como paleolítico, se encuentran desperdigados por los continentes y constituyen una prueba de las migraciones realizadas. Gracias a la invención del arco y la flecha, inicia la época de la caza, y con este instrumento se vuelve la caza una actividad regular. Es en la época que Engels llamó “barbarie” en que empieza el empleo de la alfarería, y son las vasijas diseminadas por los continentes las pruebas de los avances a través de los muchos años. El rasgo característico del período de la barbarie es la domesticación y cría de animales y el cultivo de las plantas. (Engels, 1891).

Es justamente en el estadio superior de la barbarie cuando inicia la fundición del mineral de hierro, y con este la creación del arado de hierro; esto sumado a la domesticación de los animales para el trabajo, trajo consigo un incremento enorme en la eficiencia del cultivo de cereales, granos y demás cultivos para la alimentación; después de un tiempo, las cosechas serían tan grandes que ya no serías solamente para la alimentación de sus productores sino que los excedentes servirían para el intercambio con otros bienes; y sería este el inicio de la propiedad privada y de la riqueza de los pueblos, acaba de nacer el comercio.

Las primeras civilizaciones urbanas del Oriente Próximo, China e India, conocieron el primer periodo histórico de gran desarrollo comercial. En el área mediterránea y europea, los fenicios y griegos sirvieron de intermediarios entre las zonas económicamente desarrolladas del Oriente Próximo, y las regiones atrasadas del mediterráneo occidental. La moneda se convirtió en el medio de pago fundamental. (Salvat 2009)

La invención de la moneda, no fue un fenómeno fácil, ni mucho menos rápido. Luego de varios siglos de intercambio y comercio, por fin es en el siglo VII antes de cristo, fue cuando se inventaron las primeras monedas; fueron los griegos, en la actual Turquía, quienes lo hicieron, con aleaciones de oro y plata y acuñadas con martillos, poco después surgirían en China e India, sus primeras monedas, con lo que ya tenemos las diferentes divisas y por consiguiente el “tipo de cambio”. El valor de la moneda dependía del metal usado en su composición (oro, plata y bronce), además del peso de la moneda también determinaba su valor. Varios siglos después, en el siglo XVII surgiría el sistema fiduciario. Los primeros billetes surgieron en Suecia; esta nueva forma de dinero estaba basada en la confianza, ya que un numero impreso en el papel indicaba su valor; pero sin embargo este dinero estaba respaldado por oro en los bancos de los países que lo emitían; el patrón del oro fijaba la equivalencia de una divisa con el precioso metal, este patrón indicaba que los billetes podían ser intercambiado por una cierta cantidad de oro y el oro por billetes a una tasa de cambio fija. Este sistema encontraría su fin entre el final de la primera guerra mundial y la gran depresión, sustituyéndose por un sistema puramente fiduciario, y al no estar respaldado, el dinero, con oro, dio lugar a las especulaciones, a las fuerzas del mercado y la inflación.

Tras el invento de la moneda fue el Imperio Romano que, con su extensa red de caminos, ciudades estado, puertos y un ejército que mantuviera el orden en un extenso territorio, constituyó en Roma, la primera gran área de libre comercio del mundo occidental; así pues, durante mas de mil años se experimentó un gran crecimiento del comercio, en el que incluso los seres humanos se convirtieron en mercancías; en su periodo de mayor auge en la antigüedad. A esta época pertenecen los grandes avances en navegación, que hicieron pasible el comercio con lugares tan distantes como China e India, esta vez en cantidades mucho mayores que ninguna época previa. También se tuvieron rutas comerciales como la ruta de seda, que fue una red  comercial organizada a partir del negocio de la seda china; finalmente, los viajes de Marco Polo traerían la llegada de nuevos productos y especias desde lugares antes inexplorados, sin embargo, marcarían también el final de la era de exploración y comercio mundial, e iniciarían el largo periodo que conocemos como Edad Media. Fue con la llegada de la edad media cuando se produce la decadencia del comercio; a partir del siglo V, las invasiones bárbaras, rompieron la unidad comercial del mediterráneo desapareciendo casi por completo los intercambios comerciales internacionales en el mundo occidental.

Durante la Edad Media, se creo un nuevo centro mundial de comercio en Oriente Medio, y fue el mundo islámico, quien aseguró la continuación del comercio entre las culturas asiáticas (china e India), y el mundo mediterráneo-europeo. Los mercaderes musulmanes dominaron durante siglos el comercio internacional, tanto las rutas terrestres como la ruta de la seda, como las rutas oceánicas, en el Océano Indico, mar Mediterráneo y el mar Rojo. En el siglo XIII comienza un rápido proceso de recuperación de las ciudades europeas y con estas, una recuperación prodigiosa del comercio, tanto dentro de sus fronteras, como del comercio internacional. Numerosas ciudades europeas como, Venecia, Génova y Barcelona reanudaron las relaciones comerciales directas con los países del mediterráneo oriental; mientras que, en costas atlánticas, se creaba la Hansa, una asociación de ciudades alemanas, y escandinavas que controlaban el comercio en el mar del norte y el mar Báltico.

La llegada de la edad moderna, nos trajo gigantescos avances en comercio internacional, gracias al descubrimiento de nuevas rutas, así como el descubrimiento del nuevo mundo por parte de las potencias Ibéricas, España y Portugal; esto creó rutas comerciales intercontinentales, a través del Océano Atlántico y el Océano Pacifico. Posteriormente con el surgimiento de las nuevas potencias: Inglaterra, Francia y los Países Bajos, el comercio internacional quedó en manos de los países europeos occidentales; y, el principal medio de comercio fueron los barcos; sin embargo, existían muchos problemas en el mundo entero para el comercio, como las leyes proteccionistas de muchos estados que obligaban a sus ciudadanos a comprar productos locales; el mal estado de las rutas terrestres, elevados peajes y el bajo poder adquisitivo de las personas, causaron que los productos del comercio internacional fueran artículos de lujo separados solamente  para las clases pudientes. Fue en este espacio de tiempo, en que llegó la segunda gran revolución del ser humano. Fue la revolución industrial, iniciada en Inglaterra durante el siglo XVIII, la que cambiaría esa situación. El resto de los países occidentales y el Japón entrarían, también en esta etapa de desarrollo industrial en el siglo XIX. Gracias a la industrialización y la invención de la locomotora, las personas abandonarían las áreas rurales para concentrarse en las grandes ciudades, para trabajar en fábricas, esto cambiaría el comercio internacional para siempre; los bienes de consumo ya no serían, más, bienes de lujo. Las antiguas barreras al comercio, como los elevados peajes y las legislaciones proteccionistas desaparecerían gradualmente; el ferrocarril, así como el barco a vapor, permitieron el traslado masivo de personas y mercancías, con una eficiencia antes inimaginable, y crearía, por fin, un mercado mundial.

Durante el siglo XX con la invención de los nuevos medios de transporte como el automóvil y el avión; así como el desarrollo de nuevas tecnologías de las telecomunicaciones (radio, televisión, publicidad) y finalmente la revolución informática; el mundo se convertiría, finalmente, en la aldea global que es hoy en día. Surgiría finalmente la nueva era, con las supercarreteras de la información y alentadas por una economía cada vez más acelerada, se crearían zonas de libre comercio, tratados de libre comercio, zonas económicas nuevas como la zona del Euro, y finalmente empresas globales cuya capitalización bursátil las convierte en entidades económicas más grandes que muchas naciones del mundo moderno. En esta nueva era la economía no podría subsistir sin el comercio internacional, es el motor de nuestras economías locales y gracias a esta que las ciencias, las tecnologías y los conocimientos del mundo son compartidos a través de las fronteras de los países haciendo de este un mejor mundo para vivir. Sin importar lo que suceda los próximos años, el comercio internacional es una realidad creciente en el mundo y ha llegado para quedarse.