Resumen de “Inclusión financiera en América Latina y el Caribe”

El estudio que nos presenta María José Roa en el boletín del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos, nos presenta como premisa los problemas de inclusión financiera en América Latina y el Caribe, basados principalmente en el acceso al crédito a través de tres dimensiones principales, que son acceso, uso y calidad. El estudio se centra el acceso al crédito desde los frentes de la oferta y un uso correcto, además se enfoca en otros factores como la bancarización y el correcto uso de las herramientas que ofrecen los bancos; así pues, se enfoca en también en la cultura financiera y demás factores que estaremos analizando a continuación.

La inclusión financiera como tal ha sido bastante bien definida por los autores citados en el articulo entre los que tenemos a la Asociación Global de Inclusión Financiera, quienes nos indican, conjuntamente con el Grupo Consultivo de Ayuda a los Pobres, que inclusión financiera está definida como “situación” en la cual los adultos en edad de trabajar incluidos los que no tiene acceso al sistema financiero tiene acceso a los siguientes servicios financieros: Créditos, ahorros, pagos y seguros, siempre y cuando dichos servicios sean efectivamente brindados por entidades formales, que en un sentido más amplio es lo que en Perú conocemos como “entidades reguladas”, de lo cual extraemos que se trata de conseguir que las personas consigan o logren obtener créditos de entidades reguladas, así pues, aprendan a generar ahorros, a través de cultura financiera y que utilicen las herramientas que la banca pone a su disposición. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, indica además que como inclusión financiera podemos observar un “acceso asequible, oportuno y adecuado”, a una cierto abanico de productos financieros o herramientas de la banca moderna, nos habla de una amplia gama de dichos productos; pero además, nos habla de productos prolijos y estudiados a la medida de los no incluidos, que para este estudio entenderemos, son los micro empresarios y la PEA de los estratos económicos más bajos, para quienes además de ofrecerles productos a medida, dichos productos deben ser innovadores, hablamos de sistemas de microfinanzas a medida de sus niveles de informalidad, así como productos de cuentas de pagos de haberes, de cuentas de CTS (en Perú) y demás productos de propicien el ahorro en estos sectores en los cuales aparentemente menos del 10% de la población (en estudio) podía generar algún tipo de ahorro y que dicho ahorro no se encontraba bancarizado. Acá la primera observación que podemos hacer es que, además de generar inclusión financiera en la forma de microcréditos también se busca “pequeños” superavitarios que puedan cooperar con que este negocios se mantenga, porque la intermediación financiera a través de la cual se debe mantener la inclusión financiera no deja de ser un negocio y que dicho negocios debe permanecer rentable para que exista sentido en hacer dicha inclusión, recordando que el asistencialismo a nada bueno nos ha conducido durante la triste historia latinoamericana, en la que una falás inclusión asistencialista ha demostrado no ser eficaz en la lucha contra la pobreza lo cual demostraría la contradicción lógica, demostrando que el asistencialismo no es inclusión social, sino que además sería todo lo contrario; razón por la cual, la inclusión verdadera debe mantenerse como un negocio de intermediación en el que el sustento de la inclusión se mantenga económicamente a sí mismo, y así también haya banca para los más pobres.

Tratando justamente sobre las dimensiones del presente estudio Roa (2013) nos habla de “la naturaleza multidimensional de la inclusión financiera”, tratando de sus tres dimensiones ya mencionadas: acceso, uso y calidad. Y por supuesto cuando hablamos de acceso, es fácil entender que durante los años 80’s y 90’s, ciertos sectores más bajos de la sociedad no tenían acceso, pues los créditos estaban hechos mas para sectores más formales, además  los costos inherentes a la cuentas de ahorros, corrientes, y seguros en sus distintas clases estaban estudiadas para aquellos que representaban un mercado más atractivo para la banca, los mismos que por inherente naturaleza eran los que gozaban de una mayor capacidad adquisitiva, y a demás tenían una mayor educación, no solo científica, en las diferentes ramas del saber humano, sino que hablamos de un elevado conocimiento de finanzas y de utilización de los medios financieros lo que termina siendo fundamental para que exista “acceso” al crédito puesto que con un bajo conocimiento en finanzas, además devienen problemas como el sobreendeudamiento lo que generalmente nos lleva a problemas de pago, por lo que la falta de educación financiera nos trae consigo el principal problema: los elevados niveles de mora; que a su vez nos llevaría a la insustentabilidad de las microfinanzas; así pues, como ya hemos dejado por sentado, la inclusión debe refugiarse en la sustentabilidad de un negocio para que sea inclusión real y no un mero asistencialismo.

Cuando hablamos de uso, estamos hablando de la decisión de uso o no de los servicios financieros. Esto viene determinado del conocimiento cabal que se tiene de dichas herramientas y otros factores como la idoneidad de los productos; esto último ha cambiado en los últimos años adaptándose a los nuevos mercados, por lo que este motivo ya no tiene mucho sentido desde la primera década des este siglo, por lo que la mayor motivación que explica, a falta de uso de herramientas financieras más adecuadas (llamémosle modernas), es básicamente por el desconocimiento de las herramientas, de las microfinanzas, de las finanzas personales y de los productos complementarios de la banca.

Los que nos puede costar un poco más de análisis al respecto se trata de la última dimensión que nos deja el autor del boletín; pues, la calidad ha sido uno de los factores que ayudaría mucho a que se consiga una correcta inclusión financiera; ahora bien, esta calidad se ve en ambos lados, por una lado la calidad de las evaluaciones así como la otorgación, el autor nos señala en su informe como ejemplo, lo sucedido con las hipotecas subprime, intentando inclusión convirtiendo a todos los usuarios en dueños de sus casas, demostró ser un pésimo antecedente para la inclusión en América Latina y el Caribe (en adelante ALC), puesto como calidad, no todos son sujetos de otorgación por cuanto no se puede incluir a todos en la inclusión en una primera etapa; pero no serán sujetos de exclusión, sino que clase de inclusión sería si se excluyen agentes económicos que bien podrían tener gran potencial futuro. Una primera etapa para este grupo sería primero acrecentar la educación financiera e impulsar los programas de ahorro y el crecimiento de sus fuentes de ingresos, ya se ha visto en la historia que lo fundamental al pretender créditos son las fuentes de ingreso y no así las garantías; las garantías en sí, son una parte pequeña de las evaluaciones, lo fundamental es la fuente de ingreso que genera el agente y que se convertirá en sus futuros pagos, por lo que es fundamental estabilizar dichas fuentes de ingreso impulsando una cultura de ahorro, con lo que se llevaría adelante una inclusión real, pues después este mismo agente será sujeto de créditos y demás instrumentos financieros, además de que sus ahorros darán el impulso adecuado a las microfinanzas, pues gracias a los superavitarios se presta a los deficitarios.

En el numeral 2.2 el autor nos acerca al estudio del lado de la oferta, en cuanto a acceso y uso de las herramientas financieras, en el que podemos ver que la principal fuente de información para el análisis, son a su vez, estudios realizados por los bancos centrales de los diferentes países de ALC, cuya recolección demanda de distintas herramientas. Para resumir, la información más confiable nos muestra que, por ejemplo, la cantidad de cajeros automáticos ha crecido (hasta el 2011) en un 10.49%; además, las agencias bancarias han crecido en un 6.12% anual. Ahora bien, María José Roa (2013) indica que: “En cuanto al uso de servicios financieros del sistema bancario, en ALC se puede observar que en 2011 la cantidad de cuentas de depósitos era poco más del doble de la cantidad de cuentas de crédito (1,258.78 y 579.88 respectivamente). Empero, la proporción de depósitos con respecto al PIB era casi igual que la de créditos (34.21% y 35.77% respectivamente). A pesar de que los valores de las variables crecieron durante el periodo posterior a la crisis de 2009-2011, el crecimiento de la cantidad de cuentas fue casi el doble para las de crédito que para las de depósitos (un 10.12% contra un 5.17% anual). Incluso su proporción con respecto al PIB creció en un 12.71% para los créditos y en un 8.26% para los depósitos.”, con estas cifras muy precisas podemos ver de manera amplia el escenario.

Por otro lado, la demanda no puede ser pequeña en ALC, debido a que es un mercado emergente y pujante listo a tomar las oportunidades que se les otorgue en cuanto a servicios financieros. La cantidad de datos presentados en esta sección es bastante completa, por lo que cito lo más importante, (Roa, 2013) indica “Por el lado del ahorro, el 53% de los hogares entrevistados señalaron generar algún tipo de ahorro. De estos hogares, menos del 40% lo hacían a través del sistema financiero formal y más del 80% respondió que utiliza algún tipo de ahorro del sector informal. La convivencia del ahorro en el sector financiero formal e informal es un hecho más que evidente en la región. El porcentaje de hogares que poseía una cuenta de ahorro era en promedio del 51 por ciento.”; además, “En relación con el crédito, su uso era aún más escaso. De acuerdo con la encuesta, en promedio, el 19% de los entrevistados tenía un crédito vigente; de estos el 65% lo recibió del sector financiero formal, mientras que el 21% lo hizo de familiares, amigos, prestamistas y casas de empeño. El uso del crédito sube con el ingreso, pero sólo ligeramente; concluyéndose que para la mayor parte de la muestra el no uso de instrumentos financieros formales en la región no es exclusivo de las clases más pobres, también de las medias y medias altas. Para el caso de economías donde el desarrollo del sistema microfinanciero es alto, como el caso de Bolivia, el uso del crédito del sector financiero formal por medio de bancos, microfinancieras y cooperativas es muy importante.”

Un tema importante dentro de este análisis deviene de las regulaciones locales de las cooperativas y las microfinancieras, puesto que para que exista dicha inclusión debemos ver que los usuarios del sistema financiero puedan sentir que existe transparencia en la información, conjuntamente con la confianza en el sistema, y la confianza viene de la mano de una correcta supervisión por parte del estado, ya se ha visto en ALC pésimos ejemplos de lo que la falta de regulación pueden hacer, en Perú tenemos el ejemplo de CLAE, en el que un esquema Ponzi se trajo abajo la confianza de las personas en la banca y básicamente en el ahorro. Afortunadamente en la región (ALC), las cosas han cambiado, existen más regulaciones por parte del estado en sus figuras en cada nación, en Brasil, Perú y Bolivia existen buenas muestras de controles de inversión y regulaciones, en Perú está representado por la SBS, Superintendecia de Banca Seguros y AFPs, además, observamos que se requiere la protección del estado en cuanto a reclamos justos sobre los servicios prestados, algo que también da señales de cambio en cuanto a los servicios que la banca brinda; así pues, en Perú se tiene el magnífico ejemplo del Protector del Cliente financiero de la ASBANC (Asociación de Bancos del Perú), como ente que recibe los reclamos, ante una queja no resuelta por el banco, además de la intervención de INDECOPI en caso de que aún así no se llegue a satisfacer al cliente. Todo esto cierra el circulo de las necesidades de los clientes para lograr llevar a cabo una inclusión financiera en ALC, puesto que en la mayoría de países de la región se dan estas muestras de cambios con respecto a este segmento del que tratamos en este texto.